Los videojuegos hace mucho que dejaron de ser un juego de niños. Esta afirmación se sustenta en dos datos: en la edad media de los jugadores, superior a la treintena, y en los propios desarrolladores, empeñados en darle un verdadero lavado de cara al videojuego creando obras capaces de enfrentarse a las de cualquier otro medio.

Los seguidores del mundo del videojuego solemos estar muy interesados por el propio medio. Como a todo fanático, nos gusta tanto disfrutar nuestro entretenimiento como discutirlo y analizarlo. Todos queremos estar siempre a la última y conocer las noticias casi en tiempo real, queremos saber cual es la próxima novedad sobre ese juego cuyo proceso de desarrollo llevamos siguiendo dos años, queremos enterarnos de esa fantástica nueva IP que se ha presentado por sorpresa, y no queremos que se nos pase una nueva demo técnica de un motor gráfico o un rumor no confirmado sobre la potencia de la nueva generación de consolas. Nos gusta jugar y queremos saber a qué juegos y en cuáles condiciones lo vamos a hacer dentro de varios meses o incluso años.

Pero además de conocer el futuro, nos interesa el presente, y cada vez mucho más el pasado. El disfrute de un videojuego va cada vez más allá de la propia partida, convirtiéndose en una parte de un proceso más complejo, casi podemos decir que la filia ha llegado al entretenimiento electrónico hasta el punto que somos algo más que simples jugadores. Del mismo modo, nuestra afición está comenzando a adquirir y valorar el concepto de memoria, dándole importancia a todos esos juegos que nos han llevado al día de hoy, los cuales merecen ser honrados, y en la mayoría de los casos rejugados y descubiertos por los más jóvenes.

El objetivo de esta entrega semanal es precisamente huir de las últimas noticias y centrarnos en la reflexión. Puede que toquemos un poco los caminos que sigue la industria, pero sobre todo hablaremos del medio para desentrañar su riqueza. Cobrará gran importancia el valor narrativo de los videojuegos, su capacidad para seducirnos, enamorarnos y llevarnos más allá. Pues al final, uno no puede más que considerar al videojuego como una de las formas más elevadas de arte y comunicación, donde el receptor es capaz de interaccionar e influir en un mundo personal creado por los desarrolladores.

Han pasado muchos años desde que William Higinbotham, uno de los científicos inventores de la bomba atómica creara Tennis for Two en 1958, el primer videojuego de la historia. Hoy en día, los videojuegos son uno de los sectores culturales y comerciales más importantes del mundo, por lo que merecen ser tratados, reflexionados y estudiados con todos los honores, aunque dejando de lado siempre el aburrimiento, pues al final lo importante es divertirse y pasar un buen rato ante la pantalla.